La Parada... ¿detenida?

Crónica de una noticia inconclusa

   
 En política no hay casualidades, se suele decir. Lo cierto son los hechos ocurridos ese aterrador último jueves de octubre del 2012, día 25 para centrarnos. Hechos que coincidieron con la ausencia de la alcaldesa de Lima. Dos circunstancias que la afectaron y cual espada de Damocles penden sobre su testa; una concadenada a la otra por el mismo motivo de la intención de revocarla: la eficiencia que no manifiesta y la inutilidad de sus palabras ante tanto que hacer en Lima.

El jueves 23, a medio día, se confirma la aprobación del proceso de revocatoria y horas después se produce esta incursión en el ex mercado Mayorista de La Parada. Que deja como saldo humano dos muertos, 43 civiles heridos y 66 policías afectados, sumado a una idea confirmada: que la ciudad alberga a una cantidad insospechada de delincuentes que nunca vimos hasta ahora.

Sorprendidos por pensar que estamos libres de esta violencia y que se despierta cuando se quiere poner orden y hacer cumplir la ley. Hacer caso omiso a la la ley, no obedecer o burlarse de esta se repite todo el tiempo durante conflictos y bloqueos de carreteras, rondas campesinas, marchas que destrozan vías y propiedad privada; y más cotidiano que sorprendente es que no hayan capturados. Eso se entiende como: que la ley no importa y no existe para nadie si creo tener la razón.

Estos hechos podrían favorecer a la alcaldesa de un modo medio retorcido quizá: el primero porque el argumento para la Revocatoria no fue por corrupción ni malversación de fondos, menos por tráfico de influencias o presunción de robo o estafa. Para muchos es su incapacidad ejecutiva y de gobierno.

Ahora, esto sumado a la retoma de control mal que bien de La Parada, devolviendo la idea de orden, tranquilidad y confianza en la policía podría darle puntos a su favor ya que el restablecimiento del mando viniendo de la policía de la mano con la alcaldía podría hacer obviar lo mal llevado de este operativo e incursión en este mercado. El tiempo dirá si los pasivos de estos hechos suman o restan a la alcaldesa.


Karp vs. Otárola

  Eliane Karp, ex primera dama de la nación, esposa de Alejandro Toledo y una de las personas involucradas en la investigación por presunto lavado de activos en la compra de bienes y creación de empresas ofshore: caso Ecoteva. La aludida es citada al Congreso para hacer sus descargos y responder como lo hiciera su esposo, el ex presidente de la República, hace unas semanas.

En esta presentación pudimos observar que la Comisión de Fiscalización del Parlamento no tiene, o por lo menos lo supieron evitar muy bien, un orden en cuanto a los turnos de preguntas. Produciéndose una retahíla de cuestionamientos y ruido que llevaron a la señora a evadir tales requerimientos y anteponer respuestas aprendidas e insinuar en repetidas ocasiones el desconocimiento que tenían de su caso. Situaciones similares se han presentado anteriormente con otras investigaciones, desafortunadamente.

El solo tener a más de 15 personas -congresistas- tratando de hacer preguntas ya es imposible; ahora, interrogar a Karp con intervenciones flojas sin tener un sentido de lógica o concadenación de hechos ni mucho menos valerse de un cuadernillo, más sí de un conjunto de papeles que fotografían bien siempre, pero de los cuales no salía una pregunta buena: hace pensar o especular que no se encontraban preparados para este fin.

Los congregados se preocuparon en no perder la oportunidad de participar con intervenciones repetitivas, febles, que la señora Karp pudo sortear aprovechando la ignorancia de los interrogadores sobre las respuestas a estas, que ya constaban en declaraciones anteriores realizadas a la 48 Fiscalía Provincial Penal de Lima. Permitiendo, obviamente, que Karp hiciera lo que tenía planeado y circunscrito al guión que llevó e indicó que contenía su declaración y del cual no se alejó.

Con faltas de respeto de ambas partes desde el momento en que la citada ofreció rosas al presidente del grupo de trabajo, Vicente Zeballos, y luego la solapada fanfarria de silbidos que se desató en cuanto Karp se retiró el saco; acto que si bien podría haber sido adrede no tenía por qué permitirse en la sala. La obligación del presidente del Congreso, Fredy Otárola, era de mantener un orden desde el inicio, si su intención era de obtener información.

Dos faltas graves se produjeron y Otárola debió detener la sesión e invocar al orden y la seriedad que el caso ameritaba: no hizo nada. Agraviaron a la citada y se perturbó el interrogatorio, mas no se suspendió. Contrario a esto las puyas continuaron tocando los egos masculinos, llegando el contrapunto con Mulder, que no perdió oportunidad de figurar como sus homólogos.

Apelando al sarcasmo punzante, tonto para la cámara, mas romo de contenido. Los Congresistas, cada uno con distintas necesidades por obtener los 30 preciados segundos que toman los noticieros, hicieron su mejor esfuerzo para ser recordados; como una estrella fugaz, sin resonancia ni estela de argumentos como resultado final.


De Pilatos y consensos

La tormenta empezó semanas antes del 17 de julio último. La población no fue escuchada una vez más por el Gobierno cuando le evidenciaban por todos los medios que la candidata para el cargo de Defensor del Pueblo, Pilar Freitas, era la menos indicada por casos como los de la Fundación Canevaro y su filiación política. Otro de los candidatos observados era Rolando Souza, también por sus evidentes acercamientos políticos. Y  los demás candidatos para el BCR y el Tribunal Constitucional que también cayeron en desgracia por formar parte de un audio en el que se repartían las cuotas de sus cargos por bancadas.

Haciendo caso omiso, se llevó a cabo la votación entre mociones no escuchadas, rechazadas, congresistas opositores y oportunistas;  algunos que al ser ubicados en la conversación del “consenso” objetaron tardíamente  la realización de una votación que Isla no detuvo,  a pesar del clima de tensión y desconfianza de las calles.

Ese mismo día colectivos urbanos, universitarios y ciudadanía salieron a las calles a mostrar su rechazo a esta elección; voces que ese día llegaron a los noticieros nocturnos y que se diversificaron por redes sociales, voces que ni el incendio que se produjo una vez finalizada la votación cerca al Congreso pudo sofocar.

Al día siguiente, 18 de julio como quien desconoce los hechos porque estuvo de viaje, pero nada sorprendido, más sí calculadamente consternado el presidente Humala manifestó no estar de acuerdo con la elección de las autoridades, exhortando a los dos funcionarios observados a dar un paso al costado.

Evadiendo responsabilidades que su bancada enfatizó conjuntamente con las otras cuatro, el Presidente nuevamente perdió liderazgo y legitimidad ante la población, alzó la voz de candidato, cuando era oportuno y necesario dar una solución como presidente. Falto de visión y manejo político, queriendo dirigir el peso de la discordia sobre los dos aludidos, tratando de ocultar  los que su bancada propuso en un esfuerzo pueril.

Cómo es que el mandatario pide horas después confianza en el Congreso si lo descalifica, si este lo decepciona, lo sorprende. Tardíamente quiso desvincularse de tamaña responsabilidad, ninguna vía de solución se escuchó y la calle habló: con el lema Toma la calle, la población se agrupaba para salir a protestar  sobre “el consenso” que no los incluyó, ni antes, ni después.